No es
cuestión de condescendencia pero de artesanos el mundo lleno está.
La habilidad acompaña a la genialidad del pensamiento, no
viceversa. Escucho a diario críticas sobre arte conceptual, arte de
instalaciones, sobre performances (un tema para agarrar con
pinzas, ya hablaré más adelante en otra entrada) y el 90% proclama su crítica
con el comodín argumental que se piensa más razonable y precisamente por esa
misma razón se descalifica la propia crítica (véase el juego de palabras), y es
la siguiente: "Si parece que lo ha hecho un niño de 5 años."
Si echa
un ojo al Dadá; en la adolescencia primaria se abandona el instinto artístico
en detrimento del parecido en el dibujo y pintura por el ambiente en el que
todos nos movemos, una sociedad inculta desde el punto de vista artístico (no
confundir con histórico-artístico) luego en la madurez la distancia con la
infancia se pierde de tal manera que los nexos no existen, se hace artificial
la mirada y el sentir. Antes mencionado, el Dadá es la oposición al
concepto de razón y en muchos casos los artistas de este movimiento contactaron
con su arte de infancia, la contraposición de cajón de arena y sonajeros al
frío hierro y hormigón de la etapa adulta.
Regresando al "niño de 5
años" y, aquí viene la conexión con el Dadá, la habilidad reside en que
precisamente por parecer que lo haya hecho un crío de 5 años es el mérito
artístico que tiene la obra, abandonar el pensamiento racional y volver a ese
estado de cachorrillo que es uno y puro a la vez con la vida, es una barrera
que muy pocas mentes tienen el privilegio y desarrollo para llevar a cabo. Precisamente
por esa magia, dicha habilidad es arte. La infancia es el chamán de la vida.
Todo aquel/aquella que siga en desacuerdo tras esta lectura no me queda más que
decir que si quieren ver lo que considera arte en la Plaza Mayor de Madrid hay
a patadas.
-"No es culpa del artista que los demás sean unos ignorantes y
no comprendan su arte" - Víctor Chacón.
Con afecto y polémica: Daniel Jiménez
Martín "Trastini"