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sábado, 18 de octubre de 2014

El gran moneo

Monear: arte y oficio de andar siempre en el ajo, en el tumulto. La acepción de tal término se debe al comportamiento inquieto, exhibicionista y revoloteador que caracteriza a este tipo de personas, lo que lleva a cierto paralelismo con su especie homóloga en el reino animal, el mono. Dicho comportamiento les proporciona una aparente omnipresencia, lo que no es así realmente. El moneador siempre estará en un solo lugar, el cual, desde luego, será el epicentro de una realidad de cierta magnitud en el imaginario del sujeto hoy de estudio, de dignísimo estudio.

He conocido y conozco grandes e ilustres moneadores, lo que me proporciona autoridad académica para enmarcar teóricamente este fenómeno. El moneador se caracteriza por una sorprende destreza en las relaciones interpersonales. Allá donde haya gente nueva con la que codearse, el intrépido moneador estará ojo avizor para acabar constituyéndose como el centro de atención, la créme de la créme, en un periodo de tiempo asombrosamente corto. Más corto que el que tarda en provocar la muerte el veneno de una serpiente Taipan de origen australiano (sí, me he documentado).

Dicho todo esto, no se debe confundir esta distinguida habilidad con el meramente conocido como "don de gentes". El moneo es una estratagema más compleja que también requiere de cierto descaro y soltura para llevar al engaño a su nuevo amigo o víctima (como lo quieran ver), ya que tan apreciable sociabilidad suele ir acompañada de una o varias mentiras. Las pretensiones del sujeto embaucador pueden ser diversas, como las de cualquier mentiroso, desde tratar de obtener alguna clase de provecho material hasta hacerlo por el simple afán de sentirse bien consigo mismo gustando a los demás.

Estas pretensiones darían lugar a una clasificación entre moneadores de dos categorías: benignos y malignos. Los primeros son seres inofensivos y dóciles, cuyo trato nunca podría traer repercusiones negativas salvo, si acaso, para ellos mismos . Los segundos, si usted es tan estúpido de caer en su trampa, podrían ser perniciosos para cualquier aspecto de su vida, a la cual traerán la infelicidad y la amargura de manera inevitable.

Tras conocer la parte teórica acerca de este fenómeno social, humano y fuerza de la naturaleza, aplicaremos el caso práctico que hoy toca. El caso más perfecto y de alto standing que he conocido dentro de este marco de estudio. Un moneador de élite, de primerísima categoría. Sin embargo, recuerden, hasta el mejor moneador deja un reguero de pistas que le pueden delatar como tal. Solo si ustedes están prevenidos podrán apreciarlo, razón de más para que sigan leyendo este blog. Sin más dilación, aquí se lo dejo: http://www.lasprovincias.es/sociedad/201410/17/francisco-nicolas-gomez-iglesias-20141017133236.html