No piensen que hablaré de la magnífica obra fílmica de Ridley Scott o la literaria de Philip K. Dick.
Lapidatoria, a modo de epitafio u esquela, así de aplastante es la premisa de este escrito. La intención como sentimiento es algo muy efímero que nace de un estímulo de deseo primitivo que toma forma y se elabora mediante la conciencia e interés que tan desarrollados tenemos en el ser humano. Efímero por su carácter caprichoso.
¿Qué es lo que dista al sentir de intencionalidad de ser algo despectivo? El compromiso.
Hemos desarrollado (ignoro el hecho si deliberada o inconscientemente) cierto instinto de compromiso con nuestras intenciones, "¿pero si antes comenté que era algo efímero?" comentarán. Depende del contexto.
En el arte (bajo mi punto de vista) hay varias concepciones para el término tiempo: durabilidad y permanencia; la primera hace referencia a aquello que por su naturaleza es potente pero que no da más de sí que un puñado de billetes y unos asombros puntuales; la segunda se refiere a la historia, a la propia historia que escribieron los Leonardos, los Miguel Ángel, los Turner, los Rembrand, los Dalí, los Picasso (y muchos más) que sabemos por qué pero no el cómo.
Con afecto y reflexión: Daniel Jiménez Martín "Trastini"