Tanto nos hemos acostumbrado a vivir en un permanente estado de agitación que hemos perdido el norte. Esta sociedad postmoderna de masas, medios y espectáculo nos ha atontado por completo. Nos hemos cargado el significado de las cosas de tanto usarlo. Todo vale y de nada sirve, pues lo hemos vaciado.
Si por algo respeté a la afición culé fue porque supo odiar como ninguna. Fue con Luis Figo y no se ha vuelto a ver nada igual en un campo de España. No considero útil el resentimiento pero, como todas las cosas, tiene su propia esencia. Cargársela supone cargarse sus propios valors.
El sonido de los pitos del Camp Nou a David Villa fue hueco, fofo, decadente, falto de vigor. Gente confundida, cansada y de mal humor que ya no sabe con quien pagarlo. Inventar enemigos es la mejor forma de enterrar la propia incompetencia. Si ayer se hubiera visto al mejor Barça los pitos no habrían existido.
Hablaba Dani Alves del mal humor del que le ponían los Manolos. Eso es lo que querían, que entrarais al trapo, que os pusierais a su nivel, que derrochaseis energía cuando y donde no había que hacerlo. Lo consiguieron. Me gustaba más cuando guardabais la distancia con enemigos que no estaban a la altura, cuando os cebabais con quien realmente había que hacerlo. Antes molabais.