Cuán feo hace el adjetivo sospechoso al sustantivo calaña, que ya de por sí nos suena a malo. Ciñéndonos a lo definido por la Real Academia Española, en efecto se intuye que la apariencia o sensación que algo o alguien te provoca es negativa.
La segunda y tercera acepción del adjetivo nos llevan al nombre, que hace de puente al verbo. Lo que me supuso una pérdida de tiempo.
En esta última definición, en su primera acepción da la libertad de que el juicio por observación que yo realice de alguien o algo no está sujeto a ser de obligado carácter negativo. Vamos, que algo puede parecerte bien; como cuando sospecho que mi yogulado no está maldito, eso es bueno. O cuando sospechas que yendo en coche con un colega te vas a matar porque va cambiando las canciones desde el IPhone, eso es malo.
La
esencia de las cosas puede ser buena o mala. No debería juzgarse, es la que es, pero se puede interpretar. Y
existen acertadas y erróneas interpretaciones. La interpretación de los demás puede coincidir con la mía propia, y asumir entonces, reforzado por el "tanta gente no puede estar equivocada", que es la única válida y cualquier otra está fuera de lugar. ¿Qué pasa cuando no coincide? Que de no ser así el mundo explotaría por cosas como esta:
No es
que yo no acepte opiniones de los demás y la mía sea intangible. Pero considero
que en la vida hay cosas que son “de cajón”. Quiero creer que quizá Hugo Mallo
se esconde tras este despropósito. Imposible no asemejar este resultado de encuesta con los de la votación de Radio Televisión Española por el Most Valuable Player del partido de la final de la Copa del Rey.
De
haberme enterado en su momento de esta votación habría votado lo mismo. Pese a que, Evaldo
dos Santos Fabiano ha sido de lo peor que he visto en la banda izquierda de un
campo de fútbol en años, es malo de cojones [en este caso es la única
interpretación posible], y eso lo saben los que votaron por él.
Querido lector, sospeche de mí, y de todos los
de mi calaña.



